
“La cortina del templo se rasgó de arriba abajo en dos partes, la tierra tembló y se hendieron las rocas…” Evangelio de San Mateo 27, 51.
Y así comenzó el Viernes Santo, de una forma tan desgarradora y rotunda.
Desde niña supe, como estas cosas que nadie tiene que explicarte, que la cortina del templo era la metáfora de la lluvia. Teniendo el precepto de las Escrituras, queda marcado el carácter del día, y en muchas ocasiones, la lluvia, que se invita sola, se escapa de mapas y cabañuelas… cuando ella falta y el Viernes es completo, nos brinda una de las jornadas más interesantes y bellas de toda la semana.
Bajo un cielo gris azulado, que el cielo sevillano se reserva un tono especial para el Viernes Santo, discurren siete hermandades antiguas, solemnes. Desafíos tradicionalistas a aquellos que piensan que ya todo es diferente, y nada más lejos de la realidad. El palio de La Carretería, romanticismo en estado puro, el hacer de Pepe Asián, nos recuerda que si hay algo más valiente aún que innovar, es tener estilo propio, sello único que debe ser cuidado con mimo. El crucificado de Ocampo discurrirá por la calle Gamazo, recordando madrugadas de siglos pasados, cuando la hermandad gremial de los toneleros procesionaba en ella. El Viernes además es el día trianero, en el que el viejo arrabal, por dos veces, muestra a Sevilla su hacer y su sentir. El Gólgota avanza por el Puente, mientras un Cristo gitano se enfrenta a su destino. Patrocinio y O lloran contemplando el final. Lloran como La Soledad de San Buenaventura, que intenta abrazar la noche, buscando el consuelo. También buscaban consuelo quienes instalaron la cruz en aquel enterramiento, a causa de la epidemia más grande que Sevilla padeció. En torno a esta cruz, se fundó la hermandad franciscana, que sigue recordándonos con la cruz lo que no debemos olvidar. El “jorobaito de Triana” nos mostrará su humildad, la soledad abrazando el carey, hasta que lleguemos a La Costanilla, sabiendo que no estaba sólo, que siempre hubo quien le tendió la mano… Le tendió la mano y el sudario, como nos muestra la Verónica en el cortejo de Montserrat, como la Fe ciega que en esta tarde nos devuelve la hermosura del creer sin ver, la tradición alegórica del Siglo de Oro. Todo se parará en San Pedro, piedra angular, punto de encuentro de mi presente y mi pasado. La plaza a oscuras, sólo rota por la campana del muñidor. Este momento, que según algunos amigos, haría llorar a cualquier niño de puro fúnebre, era algo que desde siempre me fascinó. Ejemplar cortejo que antecede el retablo en movimiento que por esa noche es La Mortaja. Es un día salpicado de mantillas, menos de las que me gustaría ver, es el abrazo de la plata y el oro en el palio de la Virgen de Loreto, “Soleá dame la mano”, oboe en capilla musical, incienso de vainilla. Humedad y azahar, sensación de que todo termina tan lentamente que casi se desliza, Viernes de Arenal y Cava, Alfalfa y Doña María Coronel.
Como casi todas las jornadas, el Viernes no está libre de ser objeto de planificaciones, inclusiones, remodelaciones… Tal vez cueste llegar al convencimiento de que es un día justo, perfectamente medido, con sus tiempos y su estética; tal vez cueste asimilar que no sea necesario sacar otro titular, y menos hacerlo en andas… o tal vez si… Pero cuando vuelva a vivir un Viernes Santo, preferiré no pensarlo… Preferiré perderme en las conversaciones de Jesús, Dimas y Gestas, en terciopelo azul y Cruz de Santiago, el llanto sin Consuelo y Margot en Molviedro…. Y pasado todo esto, las ampliaciones, los nuevos titulares y las inclusiones, volverán a tener poco peso, menos importancia, tal vez la justa para llenar páginas y horas de prensa morada el resto del año.
Quedan luces en La cava, fieles al otro lado del río. Mientras, Bustos Tavera está parada, quieta en movimientos y siglos, uno a uno, entran los dieciocho ciriales, el recuerdo de dieciocho teas, se pierde la campana, se cierra la puerta… Se ha vuelto a ir otro Viernes, hasta la próxima Semana Santa, como siempre, con la encomendación taurina de: “Si la autoridad y el tiempo lo permiten”
Publicado en el especial de Semana Santa de Casco Antiguo; gracias a Enrique Henares por confiar en mí para esto.