sábado, 25 de abril de 2009

Dualidad hispalense

Una vez me dijeron que la Feria sirve para que los cofrades podamos recordar en ella la Semana Santa; y me pareció algo muy cierto.

Espero que sea una buena semana, con buen tiempo, buenas tardes en el Coso Maestrante, buenos ratos y sobre todo, buenos recuerdos de la semana que se fue.

viernes, 17 de abril de 2009

Azul de Viernes Santo


“La cortina del templo se rasgó de arriba abajo en dos partes, la tierra tembló y se hendieron las rocas…” Evangelio de San Mateo 27, 51.


Y así comenzó el Viernes Santo, de una forma tan desgarradora y rotunda.
Desde niña supe, como estas cosas que nadie tiene que explicarte, que la cortina del templo era la metáfora de la lluvia. Teniendo el precepto de las Escrituras, queda marcado el carácter del día, y en muchas ocasiones, la lluvia, que se invita sola, se escapa de mapas y cabañuelas… cuando ella falta y el Viernes es completo, nos brinda una de las jornadas más interesantes y bellas de toda la semana.
Bajo un cielo gris azulado, que el cielo sevillano se reserva un tono especial para el Viernes Santo, discurren siete hermandades antiguas, solemnes. Desafíos tradicionalistas a aquellos que piensan que ya todo es diferente, y nada más lejos de la realidad. El palio de La Carretería, romanticismo en estado puro, el hacer de Pepe Asián, nos recuerda que si hay algo más valiente aún que innovar, es tener estilo propio, sello único que debe ser cuidado con mimo. El crucificado de Ocampo discurrirá por la calle Gamazo, recordando madrugadas de siglos pasados, cuando la hermandad gremial de los toneleros procesionaba en ella. El Viernes además es el día trianero, en el que el viejo arrabal, por dos veces, muestra a Sevilla su hacer y su sentir. El Gólgota avanza por el Puente, mientras un Cristo gitano se enfrenta a su destino. Patrocinio y O lloran contemplando el final. Lloran como La Soledad de San Buenaventura, que intenta abrazar la noche, buscando el consuelo. También buscaban consuelo quienes instalaron la cruz en aquel enterramiento, a causa de la epidemia más grande que Sevilla padeció. En torno a esta cruz, se fundó la hermandad franciscana, que sigue recordándonos con la cruz lo que no debemos olvidar. El “jorobaito de Triana” nos mostrará su humildad, la soledad abrazando el carey, hasta que lleguemos a La Costanilla, sabiendo que no estaba sólo, que siempre hubo quien le tendió la mano… Le tendió la mano y el sudario, como nos muestra la Verónica en el cortejo de Montserrat, como la Fe ciega que en esta tarde nos devuelve la hermosura del creer sin ver, la tradición alegórica del Siglo de Oro. Todo se parará en San Pedro, piedra angular, punto de encuentro de mi presente y mi pasado. La plaza a oscuras, sólo rota por la campana del muñidor. Este momento, que según algunos amigos, haría llorar a cualquier niño de puro fúnebre, era algo que desde siempre me fascinó. Ejemplar cortejo que antecede el retablo en movimiento que por esa noche es La Mortaja. Es un día salpicado de mantillas, menos de las que me gustaría ver, es el abrazo de la plata y el oro en el palio de la Virgen de Loreto, “Soleá dame la mano”, oboe en capilla musical, incienso de vainilla. Humedad y azahar, sensación de que todo termina tan lentamente que casi se desliza, Viernes de Arenal y Cava, Alfalfa y Doña María Coronel.
Como casi todas las jornadas, el Viernes no está libre de ser objeto de planificaciones, inclusiones, remodelaciones… Tal vez cueste llegar al convencimiento de que es un día justo, perfectamente medido, con sus tiempos y su estética; tal vez cueste asimilar que no sea necesario sacar otro titular, y menos hacerlo en andas… o tal vez si… Pero cuando vuelva a vivir un Viernes Santo, preferiré no pensarlo… Preferiré perderme en las conversaciones de Jesús, Dimas y Gestas, en terciopelo azul y Cruz de Santiago, el llanto sin Consuelo y Margot en Molviedro…. Y pasado todo esto, las ampliaciones, los nuevos titulares y las inclusiones, volverán a tener poco peso, menos importancia, tal vez la justa para llenar páginas y horas de prensa morada el resto del año.
Quedan luces en La cava, fieles al otro lado del río. Mientras, Bustos Tavera está parada, quieta en movimientos y siglos, uno a uno, entran los dieciocho ciriales, el recuerdo de dieciocho teas, se pierde la campana, se cierra la puerta… Se ha vuelto a ir otro Viernes, hasta la próxima Semana Santa, como siempre, con la encomendación taurina de: “Si la autoridad y el tiempo lo permiten”


Publicado en el especial de Semana Santa de Casco Antiguo; gracias a Enrique Henares por confiar en mí para esto.

martes, 14 de abril de 2009

Quise…



Quise hacer algo bueno para este blog en esta semana, o al menos intentarlo… Quise imaginar el silencio al paso del Calvario, la alegría venida del Polígono en su segundo año, el arte de San Gonzalo cruzando el puente, o la serena perfección del palio de la Amargura… Quise pararme en cada día, quise desmenuzar cada momento, detenerme en cada instante y aspirar tan hondo que el incienso jamás se fuera… Quise pensar el futuro recordando el pasado… Quise ser azahar del palio del Silencio, cardo en la Canina y rosa de subterráneo rosa en la dolorosa homónima que cuaja de pleonasmos esta frase. Lo dicho, quise ser adoquín con cera y globo de helio en el parque… y no pudo ser, no he tenido tiempo, cosa que me temí. Algo pude hacer, no lo que me habría gustado pero de alguna forma quedan retazos de ilusión de futuro en esa otra casa dónde me permiten escribir, y ahí, torpemente intenté dejar huellas de días que a fecha de hoy son eco en las calles y vacío en el alma…
Por suerte, quedará tiempo para revivir lo vivido en los meses que vendrán.

lunes, 30 de marzo de 2009

De lo que viene


Al fin lo recogía, por fin estaba terminado. Otro anticipo de lo que llega, y en cierto modo la materialización de un sueño, y soy muy pesada con el tema, pero era mi sueño… Iba a la modista para traerme al fin el vestido negro de manga francesa y largo rodillero, el vestido de la mantilla. Caminaba pensando en mis cosas, que no es raro, cuando algo me sacó de ellas. Una niña, presumo que antes o después de la catequesis repasaba con su abuela el credo. No sé porqué me hizo gracia aquella niña, que poco a poco construía esa oración que yo aprendí hace tanto, que recé tantas veces, a veces creyendo más, a veces creyendo menos… En cierto modo era otro anticipo de lo que se acerca… Pasé por la parroquia, parroquia de barrio, de periferia, donde hace veintitantos años, cuando yo nací, aquello quedaba tan lejos de cualquier cofradía como de Hong Kong… Estaba la puerta entornada, y entreabierta se escaparon hasta mí notas de una marcha que no me gusta especialmente… pero bueno, también aquello era Semana Santa. Imagino que era la BSO de preparativos para el viernes, y los anticipos de la Gloria tienen ilimitadas formas, como la de esos naranjos que perfumaron mi camino, que no son de Mateos Gago, pero el azahar es sevillanía allá donde esté. Al llegar al portal me dí cuenta de que me había olvidado algo, pero bueno, a la vuelta podría hacerlo. Merendé en casa del Andréu sin el Andréu, en ese salón que va de la calle San Esteban al Paseo de la O, y vuelve de Sevilla a Triana cuantas veces quieras mirarlo… Tostadas o torrijas, de azúcar y canela, que hay que aprovechar estas fechas para comer estas cosas.
Última prueba, fin de alfileres e hilvanes… Entre túnicas de la Esperanza de Triana y trajes de flamenca a la mitad, salgo con el vestido en una percha; funda trasparente para que pueda verlo todo el camino de vuelta. El azahar sigue en la calle, y tengo una misión que ahora no se me puede olvidar. Entro percha en mano en un establecimiento dónde venden comida para perros, melisa para conciliar el sueño y productos adelgazantes. Poca gente sabe que allí se vende lo que yo compro, carbón. Se me había acabado, hacía días que no respiraba incienso… Carbón, ¿por qué los Reyes Magos no cumplen sus amenazas? ¿no he sido lo suficientemente mala? ¿no he sido lo suficientemente buena? Era un momento algo raro, en una herboristería, vestido mantillero en ristre, comprando carbón… Se me iba a escapar la risa tonta, al dependiente también; quizás ha sido el anticipo mayor, el momento más cuaresmal, o el más raro…
Y es que todas las señales lo indican, todos los caminos me llevan, todo parece gritarlo en silencio, secreto público que no se esconde, pero que nos gusta intuir…
Ya viene, de verdad que ya viene…

jueves, 26 de marzo de 2009

Tras el antifaz


No hay mayor ejercicio de soledad en compañía, nadie se encierra más dentro de uno mismo en una multitud tan grande… Tras el antifaz, da igual el color o el paño, puedes observar la vida, la Semana Santa, el pulso de la ciudad. Comportamientos ajenos, vivencias propias, recuerdos, planes de futuro, cansancio, cuestiones divinas y humanas, reflexiones… Situación de introspección que cada vez es más difícil de encontrar, sobre todo por el mundo en que vivimos; y una vez al año, bien durante cinco horas o catorce, puedes disfrutar de estar dentro de ti, rodeado de gente, partícipe de aquello que te parece el centro del mundo, el centro del tuyo en ese momento.

Para los que en esta Semana Santa realicen estación, de una forma u otra, buena Estación de Penitencia a todos, sobre todo a los nazarenos, anónimos y en ocasiones poco valorados, porque ellos saben por qué lo hacen.


Foto: Antonio Sánchez

lunes, 23 de marzo de 2009

Nuevos Albores de Primavera


Todo empieza de forma casi casual, son recuerdos prestados, de un tiempo que no viví pero que a fuerza de escucharlo, casi lo conozco ya. Paradójicamente, la primavera comienza en estos días, momento del renacer para las plantas, los sentimientos… y tal vez este rincón tenga un poco de todo eso.
Daría cualquier cosa por saber que estaré a la altura de aquellos, de Manolo Ferrón, de su compadre, de mi propia abuela Carmen que de vez en cuando deslizaba versos entre sus páginas. Pero eso nadie lo puede garantizar, como cada vez que se comienza algo, la incertidumbre es el muro más alto que tienes por delante; pero al menos no estoy sola, y espero que con la ayuda de unos y otros, esta especie de homenaje, que no recuperación (ya me gustaría a mí) de lo que fue Albores de Primavera, llegue a buen puerto. De entre todos, quiero agradecer a mi ¿tíaprima? (lo de los parentescos no lo domino mucho) Merchi, que me dejara usar el nombre de la revista de su padre, y a mi primo segundo Fernando, por dejarme las portadas, con la censura pasada y todo, por la información, y por todas las cosas que le pediré en un futuro… Que la señora de la Soledad se lo premie a ambos.

Como antes de realizar una Estación de Penitencia, me encomiendo a mis titulares, quizás de forma algo atípica, pero si cofrade. Al fin y al cabo, El Señor de la Ventana proporciona Salud y Buen Viaje, y esto no es más que una nueva singladura que hoy comienza.





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