Quizás excesiva en tiempo, pero ya pasó el debatir eso. Vino el Corpus, los escaparates, los altares, la Hiniesta camino de la Plaza de San Francisco… La ciudad a rebosar, la procesión y ¿por qué no? el figureo de algunos…
Y aquí me hayo, a finales ya de Julio, sin haber hablado del Carmen, y tan siquiera, sin ánimo de amarillismo (o moradismo sería más adecuado) sin haber comentado nada del polémico Consejo de Adolfo Arenas, sin analizar la situación “preocupante” que viven algunas hermandades… Lo dicho, siento remordimientos por todo esto y vergüenza por el abandono de los Albores. Pero era miércoles, primer día de Julio, día en que nací y día en que me disponía a celebrar dicha efemérides. Había caído ya la noche, apurábamos las cervezas y entre el bullicio y las mesas altas, apareció lo que menos podíamos esperar; una Cruz de Mayo, mejor dicho, Cruz de Julio. Un grupo de niños avanzaba con su pasito entre la gente, sin importarles que estuvieran totalmente fuera de fecha o contexto. Parecían contentos con lo que hacían, y les daban igual los comentarios extrañados de la excelentísima bulla que les rodeaba… Entonces me di cuenta de que yo también estaba fuera de fecha para muchas cosas, igual que esos niños, pero que el “peso” de aquello no debía impedirme seguir adelante con algo que me ilusiona y que sé que con un poquito de constancia, podría darme muchas alegrías.
Una vez más, pido disculpas, y me reitero en mi propósito de enmienda para volver a retomar las riendas de esto; para con mejor o peor tino, llevar a buen puerto este espacio.